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Encontrar la motivación para ponerse a estudiar

Nunca fui capaz de entender a aquellas personas que deseaban rabiosamente que empezara de nuevo el curso y volver a la rutina de las clases. A mí se me hacía muy cuesta arriba asumir que había que regresar al aula. Es cierto que echas de menos a algunos compañeros, volver a ver algunas caras, refrescar amistades, pero por mí la fiesta del verano podría continuar hasta el infinito sin que la pena o la angustia hicieran ninguna mella en mí.

Sin embargo soy práctico, y soy consciente de mis obligaciones. Dicen que hay un tiempo para cada cosa y poco a poco va llegando el de emprender el curso nuevo. Para que ese trance no se me haga intragable estoy creando una rutina de motivación, ahora, en agosto, en esta parte final de las vacaciones. Construyo unas pautas mentales para que el regreso al aula se me haga asequible y no me lastre en septiembre esa mal llamada “depresión post-vacacional”.

Te resumo mis reglas de automotivación, por si te son útiles.

Leer diariamente

Fue una rutina que me impuse ya hace varios veranos: intentar leer varios libros durante las vacaciones. Por supuesto, cosas ligeras, divertidas o novelas de temas que me gustan (me encantan la ciencia ficción o la narrativa de misterio). De este modo, mi desapego por los libros no es completo, y, si una buena novela te engancha, hasta echarás de menos este hábito. Leer ejercita el coco, voy aumentando velocidad lectora con la práctica… Ambas cosas me servirán cuando tenga que estudiar, en algún momento del curso que viene. Leyendo en verano estaré facilitando el estudio en otoño, en invierno y en primavera.

Me intereso por el programa del curso

Ha sido un amigo el que me dio la idea y se la he tomado prestada. He buscado en la web de la facultad cuál va a ser el programa del curso que viene. He recopilado en Evernote los temarios de cada asignatura y me los he leído. Seguramente así no me suenen a chino, aunque hasta que no entremos en profundidad durante el curso, nunca se sabe. Pero bueno, de esta forma voy preparando un poco el terreno, busco términos que no entiendo y voy conociendo cuáles son las partes más difíciles de cada asignatura y donde más esfuerzo tendré que gastar (a priori) cuando las clases hayan comenzado.

Hago hincapié en lo que me gusta

Desgraciadamente todo lo que voy a estudiar en el curso que viene no me gusta. Yo elegí la carrera que me gustaba, tengo suerte, pero incluso habiendo elegido estudios, sé que me voy a encontrar con cosas que odio, con fórmulas que no me gustan nada, o con textos que voy a tener que aprender de memoria (y memorizar para mí es como tragar jarabe de ricino… ¡puaj!) No obstante me fijo en lo que me gusta. Si no te gusta nada lo que haces, entonces hay un problema que te tiene que hacer volver varios pasos atrás: ¡cambia de estudios! ;-)

Planteo los retos del curso

En este terreno de la motivación me muevo como los perritos. Si hago algo bien quiero mi chuchería, mi regalo, mi terroncito de azúcar. Lo que hago ahora en verano es plantearme pequeños retos de estudio: repasar apuntes todas las semanas, sacar tal nota en los controles o en los exámenes trimestrales, etc. Voy anotando los retos y cuál será el premio si lo consigo: un fin de semana de viaje, un bono para ir al cine, unas nuevas zapatillas para correr, etc… Elige el reto que mejor te motive, lucha por lo que quieras conseguir.

Planteate metas durante el verano, crea un hábito ahora para reducir la fricción de entrada en la atmósfera densa del curso. Todo ello mientras sigues descansando, empleando unos pocos minutos de agosto cada día y exprimiendo a tope el resto de tus vacaciones.

Disfruta con inteligencia.

Fuente: El rincón del vago

Modificado por última vez en Viernes, 15 Agosto 2014 18:27
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