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La Orientación Profesional: elementos conceptuales y organizativos

Ya decíamos en otro momento (Bermejo, 2002) que “Si (...) la personalidad del alumno se desarrolla desde el mismo momento de nacer y que su construcción, si bien se realiza a lo largo de la vida y en toda una serie de dimensiones y contextos, se comienza desde los primeros momentos en el núcleo familiar y después en el proceso de socialización que tiene lugar en la escuela, habremos de admitir que, en lo que se refiere a su dimensión profesional, igualmente se va a ir formando desde sus primeras experiencias formativas. De todos es sabido que el aprendizaje, del tipo que sea, se sustenta en la interacción del sujeto con su medio ambiente y que dependiendo de sus experiencias con él se dificulta o se facilita. Pues bien, partiendo de este principio, el aprendizaje profesional deberá ser objeto de las diversas planificaciones educativas, en función de las necesidades e intereses que la persona manifiesta a lo largo de su evolución psicológica, intelectual y social, procurándole escenarios motivadores que le lleven a un cocimiento adecuado de las relaciones de todo tipo que tienen que ver con su desarrollo profesional. En esta línea, paralelamente a dicho conocimiento, deberá ser consciente en cada momento de sus aptitudes y tendencias, procurando al mismo tiempo el perfeccionamiento continuo de sus potencialidades. En definitiva, se trata de conseguir la finalidad última de la educación y la formación, es decir,

                   “... la de desarrollar la autonomía de la persona y su capacidad profesional [que] hace de ella un elemento privilegiado de la adaptación y la evolución” (Comisión de las CC. EE., 1995: 9).

            Desde este planteamiento, la escuela primero, y posteriormente las instituciones laborales y sociales en general, tienen una responsabilidad social que acometer. En cuanto al momento de hacerlo, si bien se pueden comenzar a tratar en periodos anteriores, los contenidos estrictamente profesionales tienen su máximo exponente en la edad preadolescente y adolescente, cuando el sujeto toma verdadera conciencia de su rol profesional; es en estos momentos cuando se interroga sobre ¿qué quiero ser?, ¿cómo lo puedo conseguir?, ¿quién me puede ayudar?, etc. Al respecto, Echeverría (1997: 88), refiriéndose a la juventud dice que

“Ésta se inicia tras un crecimiento fisiológico y de maduración psicosocial que posibilita afrontar grandes interrogantes vitales. Entre ellas, ¿Quién soy y deseo ser?, ¿Qué sé hacer?. ¿Qué quiero hacer?, y ¿Qué he de saber?, para responder a las demandas sociolaborales, dentro del espacio cultural circundante...”

            Así pues, primero desde la escuela y después en los diferentes espacios laborales se deben contemplar acciones sistemáticas tendentes a una verdadera formación profesional que capacite al sujeto primero para realizar sus elecciones vocacionales-profesionales dirigidas a la primera inserción laboral y posteriormente responder adecuadamente a las demandas del empleo correspondiente y a las posibilidades de promoción interna o externa que su desarrollo profesional le demande.

                Y así queda recogido en la normativa de nuestro sistema de educación general y en el de la Formación Profesional. Así, podemos resaltar el artículo 55, apartado e, de la LOGSE, donde se contempla la orientación educativa y profesional como factor favorecedor de la calidad y mejora de la enseñanza o el artículo 60.2, en el que se especifica que las Administraciones educativas garantizarán la orientación académica, psicopedagógica y profesional de los alumnos, especialmente en lo referido a las elecciones educativas y a la transición de la escuela al mundo laboral, o en la Ley de Formación Profesional y Cualificaciones (2002), en la que se reconocen las bondades de un sistema de orientación profesional, donde se exponen literalmente en el artículo 14 las finalidades siguientes:

“1. Informar sobre las oportunidades de acceso al empleo, las posibilidades de adquisición, evaluación y acreditación de competencias y cualificaciones profesionales y del progreso en las mismas a lo largo de toda la vida.

2. Informar y asesorar sobre las diversas ofertas de formación y los posibles itinerarios formativos para facilitar la inserción y reinserción laborales, así como la movilidad”.

De este modo, en lo que se refiere al objeto de nuestro discurso en estos momentos, y sabiendo que las primeras acciones sistemáticas de Orientación Profesional deben tener lugar en la etapa de la Educación Secundaria en las escuelas, se trata ahora de analizar el paso de la escuela hacia el mundo laboral, y la fase de desempeño profesional en el contexto de las organizaciones.

Por su parte, Echeverría (1997: 97) dice que su objetivo general consiste en:

 “Dotar a las personas de las competencias necesarias para poder identificar, elegir y/o reconducir alternativas formativas y profesionales, acordes a su potencial y proyecto vital, en contraste con las ofertadas por los entornos formativos y laborales”.

            Por nuestra parte, (Bermejo y Gutiérrez, 2001), entendemos que

“el objeto de la Orientación es el individuo en toda su extensión, en el sentido de ayudarlo en la búsqueda de su identidad, y su desarrollo en el mundo en el que vive, es decir, en la ayuda tendente a facilitarle el propio camino, el proyecto de vida que quiere emprender; desde el ámbito profesional se pretende que el sujeto posea los conocimientos necesarios para ejercer con toda la seguridad posible sus elecciones de cara al proyecto profesional donde cree se va a encontrar a gusto consigo mismo y, con ello, ayude a la sociedad en la que vive. Así, pues, el objeto de la Orientación Profesional-vocacional consistirá en la educación vocacional, entendida ésta como un proceso mediante el cual el sujeto aprenderá a tomar decisiones profesionales-vocacionales...”.

En definitiva, la meta de la Orientación Profesional debería ser la de conseguir individuos satisfechos en su ámbito profesional. Para ello, es necesario que sepan tomar las decisiones apropiadas, primero referidas a los itinerarios académicos o formativos y luego referidas a las opciones profesionales que le sugieran los contextos laborales. En ello consistiría la denominada educación vocacional, o educación sociolaboral.

Autor: Blas Bermejo Campos (Universidad de Sevilla)

Fuente: Tecnologiaedu

Modificado por última vez en Martes, 08 Julio 2014 18:55
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